Este blog pertenece a un grupo de escritores independientes, sus nombres son (A-Z): Ana Pereyra, Andrés Benitez, Javier Massa, Rodrigo Golan, Romina Blasi y Sacha Landesmann
2 de agosto de 2011
NOCHE DE MILONGA Y SOLEDAD
¿Cuánto pesan las penas
cuando ya no queda más
que el corazón para cargarlas?
Las alegrías desaparecen,
la desnudez y el fuego no satisfacen,
aún las sonrisas
ganadas bajo los faroles
no alcanzan.
Ser parte del rito
no significa salvación,
tampoco la integridad corrompida
es fiable para escapar de ésta dimensión.
Así la coraza se endurece
y las vísceras
se resguardan más adentro todavía.
Entonces, en el furor de la pelea
las hemorragias
no desvanecen la conciencia.
Las cicatrices van quedando,
y se quedan para siempre
entre la dermis y los pensamientos.
Tironéan las penas
para coagular una existencia diferente,
ajena a otros
pero cosida a ellos.
Y los recuerdos son palabras,
que en tu boca color de rosa,
color que la naturaleza te predestinó,
traspasan los tiempos
y las distancias.
Y son, finalmente,
el oasis en mi soledad.
¿Entonces así son las cosas?
Fuera de mi corazón
te desenvuelves mejor,
y aún así,
para tenerte aquí
condenaría hasta mi alma.
Guiado por tu perfume
haría cambios,
crearía giros,
ejecutaría cortes en momentos peculiares,
hasta cocinaría suertes
en mesas de pool.
Me perdería en los bares escondidos
esperando el regalo
de tus besos.
Dentro de los tajos,
que se inician
en el mover de tus piernas,
siento que marcan al animal
que duerme dentro.
Coloco suavemente mi mano
en tu espalda,
respiro hondo
el aroma dulce de tu cuello,
tomo tu mano derecha en alto,
señal
que he de guiar este compás.
Mientras
llevo por este suelo
tu cuerpito gentil conmigo.
Aprovecho todo lo que puedo
el hecho de que estés a mi merced,
al menos
en ésta noche oscura...
Noche de milonga y soledad.
Andrés Benitez
28 de julio de 2011
UNA ROSA Y UNA BENDITA NOCHE DESPEJADA
Es simplemente una rosa solitaria, pero si no fuera por el color de sus pétalos el mundo se derrumbaría. Verla una sola vez es suficiente para redimir a un alma condenada, la fuerza de su tallo es la que empuja el torrente sanguíneo de vida a cada parte de nuestro espíritu. Conformando así, el balance real de mi inspiración.
El invierno es el que convierte todo en una larga búsqueda del tesoro, una estación en la cual las trivialidades pierden el sentido, porque el amor a puertas cerradas es más apasionado. Donde también es contenedora de la soledad, y ésta finalmente, portavoz de los caídos.
Fue en el puente de la razón y el desamor, en una vereda cerca de Medina y Olivera, que el brillo ténue de una flor escondida, a la vista de todos los que cruzaban, momentáneamente arrancó mi soledad. Una simple rosa que enamoró mis sentidos.
...
Me encontraba dentro del mundo de las ideas, experimentando el amor de lo natural, hundiendo mi corazón en el seno de los mil besos robados. Cuando las ataduras mecánicas empezaron a tironear mis articulaciones, la desconexión fue inevitable. Estaba perdiendo la cordura dentro de la locura, sentí terror de abandonar aquél lugar de paz, tenía miedo de no volver a encontrar esa luz de nuevo y de volver a vagar en las sombras... temor de deambular una vez más en tierra de rostros borrosos eternamente.
Finalmente, despojado de mis armaduras, convertido en un mortal de sangre y delirios existenciales, fui conducido por los engranajes hasta la prisión de concreto. Sentenciado a exhibir un corazón sin emociones.
Bendita noche despejada... tus ojos se exhiben para locos como yo.
Andrés Benitez
5 de julio de 2011
EL CAFÉ QUE COMPARTEN LOS OTROS
Existen muchos motivos por los cuales te amé.
Pero hay pocos que justifiquen mi partir. No te he dejado, sino que el río me reclama, y aunque las penas atenten contra tu querer, ahí estaré, como siempre, pintón y arreglado.
Me han abandonado bajo los faroles de ésta luna porteña, en la ausencia de tus manos, me vi quebrado y temblando bajo el frío de la soledad. Ahora bailas esta Milonga de Arrabal, con otros tacos, con otras manos que te envuelven. Y sigo aquí, en compañía de mi canto que nunca te deja de extrañar.
Y este pesado bandoneón que suena delante nuestro, es testigo de un encuentro lleno de pasión. Es que en cada corte, ahora tú, me abandonas un poquito más. Sin remedio, acaricio tu espalda y te llevo adonde quiero, adonde deseo que camines, con pesar.
Le pido a gritos a este bandoneón que no detenga su sonar, y que deposite en mis manos la suerte de no dejarte jamás. Porque me ha demostrado la vida, en sus maneras más crueles, que duele mucho la soledad. En este mar de adoquines, es un puñal en mi corazón que tus labios nos descansen en mi sien.
Hay mesas en un bar, que realizan la tarea de sostener los corazones despojados de sentimientos, no sin llamar a su centro botellas y vasos llenos de alcohol.
Las almas errantes, que consumen a bocanadas la nostalgia, se mantienen erguidas en el plano de una subrealidad inaccesible. Concurren una y otra vez a la misma mesa, como si buscaran algo esperado, pero que nunca sucederá.
Ingrato destino el que les toca, serán culpables toda esta corta vida de su devenir. Las preguntas ya no cortan como antes, y los susurros no quiebran más las imágenes que sus rostros representan. Cada trago de realidad es como un viento helado que se cuela entre las persianas y amenaza las pieles calientes de los amantes.
En el café que comparten los otros, el mundo toma forma de oscuridad uniforme, y sólo la ansiedad rescata a los perdidos, a aquellos que logran verla.
29 de junio de 2011
PIERNAS JUNTAS
Me he dejado llevar por el verde de la naturaleza, siendo que está lejos de llenar los vacíos de mi interior. No es que no tenga la fuerza, sino que en la ciudad maldita del pecado no es un color que pueda llevar en mi estandarte.
Por eso el fuego ha quemado mis nervios en su totalidad, y en el cenit de las llamas el rojo inundó mis fronteras. Todo se tornó de ese color.
Subí las escaleras y la invitación me llevó a un sillón de color rojo. Las paredes eran coloradas, entre ellas, cuadros de paisajes verdes, azules y marrones. En efecto, todo parecía rebelarse a los retratos de existencias lejanas, en armonía, un invitación que se extendía desde el sillón como epicentro y todo lo que había a su alrededor, giraban como órbitas celestes.
La templanza tomó forma de luna, la luna tomó forma de felino. Sin manchas, la luna jugaba con los restos de mis pasos cansados, mis ropajes eran el señuelo que buscaba con ansias esa noche. Y fue ahí que, en la observación del fenómeno celeste, el rocío de una estrella roja que pasó por mi izquierda me conquistó. Perseguirla fue mi condena y mi bendición, abandoné la luna en su búsqueda. La estrella con calzado de tango dejaba una estela brillante a cada paso, al compás del bandoneón.
Así era el rito, interminable y corto, cuando el calor de los soles empezaron a calentar las velas del barco, vino la lluvia. Con ella la brisa acompañada de las luces de tus ojos.
Mientras, el rocío flotaba como partículas de luz en la oscuridad de la tormenta. Pero ésta vez no te despedí, no quiero que te alejes de nuevo. Y en tus ojos, veo esa sonrisa que ensancha tus mejillas, me quedo atado de pies y manos a tus pensamientos. También sonrío, suelto mi espada y beso tus manos, es que al volverte a ver renació mi devoción. Tantas luchas y sangre, guerras y caídos, llegas con tus piernas desnudas a desarmar mi realidad a voluntad. Abres la boca y la continuidad de los hechos al fin tiene sentido. ¿Será que eres mi Atenea o eres la sirena que oculta bajo sí los secretos de la Ciudad que Duerme?
Y sentí que no había terminado de atravesar la tormenta, porque tu fuego me insensibiliza. Ahora el huracán golpea mi rostro, y sigo mostrando los dientes a mis desquiciados reflejos en la calle. Entonces entro al bar y estabas ahí, sentada con tus piernas juntas mirando el mar por la ventana, no te percatas del ruido, ni de los latidos del cielo, que pregonan mi adoración a tu sonrisa.
Andrés Benitez
23 de junio de 2011
ESPACIO PARA LAS PALABRAS
1.
2.
Andrés Benitez
Pienso muy bien en tu presencia,
será que me sale muy bien
afirmar mi personalidad mientras
estés presente.
¿Y no hubiera sido mejor,
a pesar de toda esa ira contenida,
que no estuvieras en mi vida?
Te daré una respuesta didáctica,
si es que así lo deseas
si es que así tu credo te lo pide.
Soy y seré aquel que se rebele
a tus reglas,
a tus preceptos,
a tus leyes,
y a tus medias de red.
Aún así, te pido perdón...
pero todavía estoy
enamorado de tu encanto.
2.
Los claros están llenos de bestias de metal y de aluminio, engranajes y pistones, contra natura del ser humano. Las mentes dominantes, las han convertido en extensiones de nuestras piernas.
Y ahí estabas, paseando frente a ellas. Las bestias te adoraban, ninguna osaba amenazarte. El transe era total, ya que no había interferencia en el sol que iluminaba únicamente tu sonrisa. La inmensa urgencia de poseerte me hacía ver líneas a tu alrededor, que se volvían cursivas y luego, se transformaban en palabras.
Así es como te conocí, y así es como te dejé ir.
Andrés Benitez
20 de junio de 2011
PARTIR AL AMANECER
Vientos de lejanía asoman, torpes brincos de mis pies sobre las piedras del acantilado, quiero ver abajo pero la pendiente es muy empinada.
Lentas olas golpean la pared de rocas constantemente, el sonido rugiente de la marejada con el viento arreciante de tormenta llena todo lo demás. Ahí se encontraba mi mayor enemigo, esperándome en la punta del acantilado con su espada, su escudo y su armadura, se reía por debajo de su yelmo y podía oír su risa pese a los relámpagos que iluminaban la oscuridad que se cernía.
Caía la noche. Estábamos los dos enfrentados sin decir palabra. Solo la lluvia hacía sonidos que, combinados con el viento y la naturaleza del lugar, parecían voces clamantes del inframundo.
-Aquí estoy, como pediste. Enhorabuena te he encontrado para hacerte saldar tus cuentas. Tu sangre bañará el filo de mi espada y a partir de ahí nunca más existirás en este mundo. Tu camino te ha traido hasta donde estás, tus pecados más horrendos ¡se acabarán esta noche!
-Y... ¿Por qué tanto odio? Acaso toqué alguna fibra íntima de tui. Cuando te refieres a mis pecados, ¿a cuáles te refieres? Quizás haya alguno con el que te puedas identificar, tal vez sean los mismos que dieron poder a mi espada. Y si Dios quería que yo existiera, hizo un gran trabajo conmigo. Mírate a ti mismo y dime si eres Santo para venir ante mí a blandir tu espada, porque no estás preparado para enfrentarme. No todavía porque no es tu tiempo.
Tan pronto dijo esto, el Oscuro se vio obligado a esquivar una estocada que, de haber impactado en su pecho, lo hubiera matado en segundos.
-¡Ja! Parece que no sabes manejar tu espada más rápido de lo que hablas.
-Puedes fijarte, si es que eres tán rápido, ¿quién está... - en ese instante desapareció. No sabía dónde estaba. Todavía sostenía mi espada cuando lo oí -... detrás de ti?!
Atravesó mi pecho a la altura del hombro. Me desmayé debido a la pérdida de sangre mientras sentía su aliento a la altura de mi cuello.
Use bastón por un año y medio en el hogar de quienes me encontraron, hasta que pude volver a blandir mi espada a la perfección. No pude tomar la vida de ese ser, era más fuerte y veloz que yo.
"...no es tu tiempo."
Esa es la frase que se solidificaba por toda la habitación. Una oportunidad para ser fuerte e ir en su búsqueda. Seguir cabalgando para hallarlo y finalmente acabar con su miserable vida, esa vida que acabó con todo lo que yo conocía, sepultó todos los motivos por los cuales tenía sentido seguir viviendo.
Pero irrevocablemente soy caballero, mi única razón para existir ahora es atravesar con mi espada el corazón del Oscuro.
-¡Escudero! ¡Alista mi caballo! Partimos al amanecer.
Andrés Benitez
(Colaboración: Carlos Horacio Audino)
5 de junio de 2011
LUGAR COMÚN
Se esfuma y reaparece sin avisar, repetitivamente realiza el acto de morir y renacer a lo largo del largometraje que es el viaje. La ventana por la que observo los rostros de desconocidas almas es la portadora de las luminiscencias del más allá.
Y sigo aquí, viendo el cristal mientras se desarrollan los momentos de suspenso, amor, sosiego y felicidad. Sólo hasta el momento que me toque bajar.
Los pensamientos pueden mezclarse con el lugar, se materializan como cuando en Star-Trek se transportaban desde la nave a un planeta. Pero la mejor manera de explicarlo es saber que los espacios no son nada más que una parte del pensamiento. Me doy cuenta de esto cada vez que inicio una aventura, estar en el lugar correcto en el momento correcto es la aventura, buscar el lugar donde uno verdaderamente se sienta conectado con los pensamientos y las ideas. Simplemente vivir cada minuto de la aventura, cuando lo ameriten las circunstancias.
La aventura es solitaria, no todos tienen ganas de vivir la aventura del otro. Pero los que se sientan a gusto de vivirla, estarían encantados de cabalgar esa historia. El humo y la cerveza se combinan de forma perfecta en la dimensión que se crea a cada paso, no tiene sentido volcar al rey en el jaque-mate, porque éste aunque haya perdido todo, no ha perdido la vida. Los pensamientos y el espacio se funden para generar el Limbo, el lugar donde los sentidos y las ideas se materializan llenándolo todo.
Y en la ausencia de aventuras es cuando las penas se regulan a sí mismas, comienzan a mover los engranajes y el Limbo se desarma hasta sus bases. El sueño desaparece y ella también, se vuelve borrosa y se resquebraja lentamente, mientras sus ojos no dejan de mirarme. Luego, en el instante de quietud, la veo humana y con su mirada perdida en otro lugar, a partir de ahí, las historia irremediable e indefectiblemente continúa sin mí.
Andrés Benitez
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