21 de mayo de 2011

Carencia de Sentidos


Media boca estaba abierta al pronunciar la última sílaba. Mientras el aliento se rebelaba a ser expulsado, los pensamientos se conmocionaban por la aberración de lo visto. Imágenes encadenadas como en una cinta fotográfica no paraban de ocupar el espacio, la oscuridad se cernía filtrándose entre las cintas.

La conciencia se escondía, no quería ver. Los nervios se erguían y las lágrimas empezaban a brotar. Todo lo dicho, no servía. Todo lo hecho, no valía. "¿Qué hacer?" se preguntaba una y otra vez sin medir las protuberancias.

La luces escalonadas que conducen al desierto guiaban la trama del espectáculo. Las cintas dejaban de correr y la oscuridad le ganaba terreno al olvido.



Andrés Benitez

18 de mayo de 2011

Musa de los Viajes Cortos


No hay manera de explicar
la línea de tus mejillas,
si bien ahora pongo de manifiesto
mi problema con ello.

Es que tu boca me reclama sinceridad.

Sin embargo, una mirada boba de mi parte
no te alcanza para entenderme.
Normalmente gano en ese desafío,
pero hoy
no estoy dispuesto a ganar.

Sólo quiero mirarte.



Andrés Benitez

8 de mayo de 2011

REGALO DE MADRUGADA

"Walter: ¡Jeff Lebowski! ¡el otro Jeffrie Lebowski! el millonario.

The Dude: ¡Eso es interesante de cojones, tío!

Walter: Además tiene un patrimonio y evidentemente recursos, así que… no hay ninguna razón, ¡ni una puta razón! ¡para que su mujer vaya por ahí debiendo dinero a media ciudad! ¡y vienen y se mean en tu puta alfombra! ¿Me equivoco?

The Dude: ¡No!


Walter: ¿Me equivoco?

The Dude: Ya pero…

Walter: ¿Lo ves? ¡pues eso! …Esa alfombra daba ambiente a la habitación ¿no es eso?

The Dude: ¡De cojones!

Donnie: Y ese tío la meo ¿no?

Walter: Donnie… ¡vale!


The Dude: ¿Sabes? Ese cap… ¡yo podría encontrar a ese Lebowski de los cojones!

Donnie: ¿Se llama Lebowski? ese es tu nombre

The Dude: ¡Es él quien me debería compensar por la puta alfombra! ¡su mujer va por ahí debiendo dinero a media ciudad! ¿y se mean en mi alfombra?

Walter: Se mean en tu puta alfombra.

The Dude: Se mearon en mi puta alfombra.

Walter: Ahí lo tienes Dude…, se mearon en tu puta alfombra. "

(esto es de "El Gran Lebowski", sólo para ustedes.)          Andrés

11 de abril de 2011

MEDIANERAS

Cruzado Luthier
            A veces la crónica se distingue por sí sola, la velocidad la define y las palabras que elige el narrador le dan forma.

            Hay varios personajes en esta “Crónica del Bafici”, que iremos descubriendo junto a los personajes secundarios generadores de sonrisas.

            A las seis de la tarde me dispuse con las zapatillas y el morral, me cargué un grabador, un cuaderno, una pluma, “El escritor y sus fantasmas” de Ernesto Sabato, tres armónicas –por si acaso-, “Método de Lectura Gradual” por Domingo F. Sarmiento y puchos. Es gracioso pensar en la utilidad de cada cosa que el morral contiene, con las armónicas puedo imaginar un cruce con una guitarra made in Palermo pero con lo demás, me quedo corto en la fantasía.

            Antes de proseguir debería hablar de eventos anteriores. Primero, la cancelación de un “Plan B” cuya justificación dejó mucho que desear. Segundo, amiga en Puerto Madero haciendo un “TP”. Tercero, la pileta sigue siendo barata, está $80.- pileta libre, cuatro veces al mes. Cuarto, la música cristiana apesta, hay buenos músicos pero tienen una limitación, “Dios”. Quinto, es bueno tener un vecino luthier y que además, enfrente la soledad de una manera parecida a la mía. Sexto, compañero de juerga en capilla. Séptimo y ultimo, poner todo por escrito al final de la jornada.

            Volviendo al hilo argumental, no todo estaba perdido porque Vecino y Vecino se transformaron en guerreros para enfrentar la noche porteña, uno seguía al otro, uno promocionaba el evento cultural y al otro le parecía genial y novedoso. En fin, se partió a destino tarde, más exactamente a las 19 horas, cuando la película “Medianeras” en realidad empezaba puntual –después lo pudimos confirmar- a las 19.30 horas. Una buena espera tuvo que pasar el Saladino Sasquatch, la fatiga de una batalla anterior hacía que el Cruzado Luthier tardara, este último no salía de la ducha.

            Bajé directamente, y me detuve a observar el panorama, el clima, las personas, el destino, el sentido de la vida, “Medianeras”, la fotografía de “Medianeras”, los lugares comunes, el deja-vú, el desafío carpe-diem, los pasos, la manera de caminar, el ciclo de la vida, la vida in situ, la escritura, la muerte, todo esto mientras miraba minas. De pronto, detrás de mí un gordo gigante con chomba y pantalón claro, melenudo con canas, junto con otro viejo pelado, canoso por “los costados”, remera roja y jean, llevaban lo que parecía un colchón negro gastado y pesado encima. Lo llevaban con esfuerzo pero no parecía pesado, decían cosas como “¡Dale Gordo! Un poquito más y llegamos” o “Ahí, pará que descansamo”, lo normal, pero no lo era porque el trayecto del ascensor al container de basura era muy corto. Era sospechoso. Los observé detenidamente, llegué a pensar que estarían cansados por desarmar algún mueble o, como mi paranoia me indicaba, podrían estarlo por haber asesinado a dos personas y, por qué no, haberlos descuartizado para que entren en el colchón. Seguro estarían sedientos después de haber forcejeado con las victimas. Hasta podrían haber estado intimando entre ellos antes de bajar a la Planta Baja, y ésa es una muy buena hipótesis ad-hoc.

            Bajó el Cruzado y salió a la puerta donde me encontraba. Y fue en el mismo momento que depositaban el colchón negro en el container.

            -¡Al fin! Qué pesado estaba. -gritó el pelado- parecía un muerto lo que estábamos llevando.

            -¡Shh! –y tomándolo del brazo, el gordo le dijo al oído- No digas eso en voz alta, no ves que la gente puede pensar que es verdad.

            ¿Falta alguna prueba? Podríamos pensar que simplemente fue un chiste de mal gusto, y con los detalles que les di, ¿no les fueron suficientes? ¿Verdad?

            A como si esto fuera poco, el pelado golpeaba el colchón con sus puños. Ahí, ya para ese momento luego de ver todo, nos estalló la cabeza. Simplemente había que partir, caminamos a la parada del colectivo, tomamos el 8 hasta H. Irigoyen y Lima. Pudimos sentarnos cuando subimos, el Cruzado lo hizo primero, luchó y ganó, luego flanqueé un asiento en el fondo y vencí. Parece que esa batalla nos costó más de lo esperado, porque al poco de sentarnos nos invadía el sueño con ataques terribles y sangrientos. Era la lucha mental de no caer, de no perder, de luchar, de no abandonar el cuerpo, de seguir avanzando sobre el enemigo con lo único que tenemos, la fuerza de la voluntad. De trascender la realidad presente, despojarse de las armaduras para sentirse más ligero y seguir en el fragor de la batalla. Sólo se empuña la única, o únicas, espadas del Ser, uno mismo las forja, elige el mineral de las bases del profundo Inconsciente, las calienta, elimina la escoria, vierte el contenido del gran horno al Molde de la Visión, enfría el metal candente con el agua del Sonido, la frescura de la tierra y los amores regalados que abundan en el Origen de los primeros recuerdos. Se afila en el terreno de la vida, en el día a día con las victorias y los amores rescatados, pero a veces se pierde y la espada pierde su filo en la tristeza. En este pensamiento me dormí, más bien, cabeceé.

            Llegamos a H. Irigoyen y Lima, cuando empezamos a caminar ya hablábamos de comprar algo de tomar y de la película, caminamos bastante, recién pudimos comprar las bebidas pasando avenida Corrientes, hasta ahí habíamos caminado más de lo que creímos. Caminamos, caminamos, la cosa es que parecía muy largo el trayecto o nos parecía eso. Nos cruzamos muchos turistas, eran las 19.45 horas en Lavalle y C. Pellegrini, todos los gringos afuera con sus lenguas y expresiones, fue grato ver la variedad de personas que uno no ve a diario, lo feo fue saber que ellos vienen y no tienen ni idea de qué pasa más allá de sus hoteles y viajecitos. Eso es vacacionar, consumir turismo sin tener idea de nada, aunque lo que me gusta es ver a mi generación, mejor dicho, la generación del ’90, han logrado viajar sin ser turistas, son viajeros. Es lindo eso, es un aprendizaje de profunda vitalidad, si no lo hiciéramos fomentaríamos el etnocentrismo característico del ser Argentino, somos Americanos. América de Sur. Una misma tierra hermanada. Pero a mi me gusta el frío, así que me voy al sur y escapo de la guerra, aparte tendría agua pura cerca (eso es relativo). Un poco vago ¿no? Supongo que si me acompaña alguien iría pa’ el norte, que sea útil, que siempre tenga un ancho de espada en la tercera vuelta. Todavía lo busco, y me encantaría que sea una señorita. No piensen mal, hay una realidad técnica: ellas son bonitas, tienen carisma y son mujeres. ¿Algo más? La respuesta es, con todo respeto y analizando experiencias, cuando están difíciles las cosas en algún punto, ellas siempre tienen un ancho de basto, en este caso, estratégico y si por si acaso faltase. Volviendo a la historia, finalmente llegamos.

            -Detrás de esa casa está la pantalla –dije.
            -¿Vos decís?
            -No sé, estimo. ¿Vos decís?
            -No sé.

            En efecto, la pantalla estaba pasando la casona en Cerrito y Juncal. Había gente sentada en el pasto, sillas (todas ocupadas), y la película proyectándose, era la función al aire libre.

            Ahora tengo que hablar de la película, se llama “Medianeras” que, si bien la agarramos comenzada, era la metáfora de que ésas “medianeras”, que son la cara sucia de los edificios, son elementos creados por nosotros mismos (la sociedad) para no poder ver al otro que está cercano. También es una historia de amor, de personas que son cercanas, la medianera tapa sus caras y, por ende, desconocidas entre sí. De cómo también uno, hombre o mujer, enfrenta la vida después de una separación y la búsqueda de aquella persona que vuelva a enamorarnos. Pero éste no es el punto principal, lo que me llamaba mucho la atención para verla era la fotografía de la misma. Te lo puedo explicar, ¿viste esas películas contemplativas con trama simple y grandes imágenes de ciudades cosmopolitas como Paris o New York con sus lugares comunes característicos? Ya sé que parece una pregunta de examen, pero es vital contestarla. Más allá de la respuesta, no hay que abandonar la posibilidad de verla, es una película muy linda visualmente, un buen y colorido largometraje sobre la ciudad de Buenos Aires. Cuya mirada es ver los lugares comunes que uno transita usualmente.

            Ya sé que maté la película con la pregunta, es una buena película, es una cinta que personifica los ideales de lo que fué –o tal vez, lo que nos quedó sin remedio- la generación del ’90.


Andrés Benitez

20 de marzo de 2011

VAIVEN INCIERTO

     Mientras las palabras de Ernesto Sabato eran seguidas, leídas y comprendidas, no pude evitar mirar una sonrisa en el tumulto. Me encontraba atentamente encolerizado con la lectura y activo por la música fuerte, de pronto el destello de la naturaleza, el llamado se hizo presente. Estaba observando un ser de una belleza incomensurable con un brillo de reminiscencia totalmente sexual.

     No era una persona corriente, todo hombre o mujer se dejaría llevar por esa mirada fulminante. Si pudiera darme el lujo de explicar su belleza en toda su magnitud no alcanzarían las palabras. Sin embargo, lo intento sin remedio, apelando a la sensibilidad que, creo yo, han tenido también ustedes alguna vez.

     La pregunta es: ¿Cómo una mirada incierta, una sonrisa regalada, un gesto corporal inusitado pueden llamar tanto nuestra atención?


     Claro está que en nosotros existe la capacidad de poder observar la belleza con detenimiento, entenderla y extasiarse con ella. Este ser, cuyas alas no eran visibles para todos los mortales, no dudaba de su existencia, no callaba su juventud y tampoco silenciaba su belleza. Era, es y será una forma de vida que, descendida y regalada desde lo alto por el determinismo histórico del futuro incierto e impredecible, terminó en ésta dimensión sin quejarse pero con toda su naturaleza a disposición.


     Terrenalmente sus rasgos eran de una perfección irrepetible. Las líneas de su rostro se dibujaban a través de la pantalla de la realidad como las pinceladas abrumadoras de un pintor en transe sobre el lienzo. El tono de su piel se conectaba con lo más profundo de la humanidad, su pelo era del mismo color de los sueños interrumpidos. Y finalmente su sonrisa, como el sol en su esplendor, la luz estaba contenida ahí y no causaba dolor o sufrimiento mirarla, sino que guiaba al perdido, al viajero, al despojado de todo. Para luego, uno por sí mismo darse cuenta que, al mirar sus ojos, ella existe para dar vida.






Andrés Benitez

26 de febrero de 2011

La Fila

     Es como si el equilibrio se hubiera recuperado, me levanté y salí al balcón para corroborarlo. Lo único que supe hasta ese momento era que mis pies pisaban las losas del balcón, luego de eso nada más.

     Ese recuerdo viene a mi mente todo el tiempo, no logro cerrarlo porque es como si fuera algo determinante. Hace unas horas que estoy esperando para que certifiquen la habilitación del local. Pero vuelve una y otra vez, todo el tiempo.


     - Hola, buen día. Vengo a certificar ésta habilitación.

     - A ver, déjeme ver.


     Le entregué el documento con dudas. Ya tenía una incertidumbre rara cuando observaba cómo leía línea por línea la habilitación. Pero mientras lo hacía, empecé a sentir como que me desvanecía, el tiempo corría pero yo estaba ahí detenido. Mis pulsaciones iban dispares, me estaba hundiendo en algún lugar de mi mente o la realidad. Sólo atiné a levantar la mirada y, a través de ella, pedir ayuda. El empleado no me miraba, estaba demasiado concentrado como para fijarse en mi y yo demasiado paralizado para que mi boca se abriera. Simplemente me encontraba ahí, detenido, sufriendo el estigma de mi desaparación espontánea frente a un muro de cristal. Me resigné al destino, a que pase lo que tenía que suceder, sin arbitrio de lo que pudiera acontecerme.

     Con esfuerzo, eché una mirada desde la única posición en la que estaba -si iba a desaparecer de verdad, por lo menos debía recordar el momento-. El empleado seguía concentrado en mis papeles, podía ver el reflejo de las personas detrás mío en el cristal y parecían estar teniendo una parálisis como yo, pero a diferencia de mí, ellos tenían los ojos diferentes. Ojos sin vida ya, asimilados con la parálisis, sin otro motivo de observación que no sea el de ver que avance la fila. ¿Será que me estoy convirtiendo en eso? ¿Ahora sí me estoy volviendo como ellos? ¿Todas mis ideas de Amor, Valor y Honor van a ser encarriladas en una fila eterna junto a la pérdida de mi conciencia?


     Mi yo, ¿estará desapareciendo? ¿Qué es lo que vendrá después?

TIMEOUT!!!


    Andrés Benitez

14 de febrero de 2011

Musa

     Cuando la veo, siempre me parece que se preparó para ése momento en especial. Más bien, como si siempre lo hubiera estado, fuera cual fuere el momento.

     Además de observar su belleza innata, siempre se reproducen frases en mi cabeza espontáneamente. No las voy a escribir, no les daré el gusto, pero suelo regalárselas al viento para que éste, cuando lo crea necesario, las transporte a los oídos de ella.

     Parezco idiota escribiendo así, "románticamente", me veo y me siento un idiota -esto ya lo sabía hace bastante tiempo-, pero qué puedo hacer.


     Me gusta que me inspiren, me gusta sentir el intercambio, me enamora saber que una sonrisa mueve los estantes de mi lógica y razón.

Foto cedida por Ana Pereyra



     Todo esto es lo que hace una "Musa", es su función primordial. Salen las palabras a borbotones cuando tengo que definirla. Ella vale más que las palabras o los sentimientos, en cualquier instante, mirada o movimiento, rompe con lo establecido y se muestra ineludiblemente Hermosa.






Andrés Benitez